Por qué la investigación sobre la salud de la mujer no puede esperar:

Por Lianne Suárez | 5 minutos de lectura | 14 de agosto de 2025

He aquí una cruda realidad:las mujeres representan el 51 % de la población mundial, pero solo el 38 % de los participantes en ensayos clínicos. No se trata solo de una cifra, sino de un obstáculo para una atención sanitaria equitativa que afecta a millones de mujeres cada día.

Las consecuencias son reales y cuantificables. Las mujeres sufren reacciones adversas a los medicamentos casi el doble que los hombres, en parte porque los fármacos suelen probarse principalmente en sujetos masculinos y luego se recetan a las mujeres partiendo del supuesto de que la biología no influye. Pero sí influye.

El reto de la matriculación

Tenemos que conseguir que participen más mujeres en los ensayos clínicos.No es algo opcional, sino que es esencial para la integridad científica y la seguridad de los pacientes. Sin embargo, siguen existiendo obstáculos:

Las mujeres en edad fértil suelen quedar excluidas de los ensayos en fase inicial por motivos relacionados con el embarazo, incluso cuando los estudios podrían llevarse a cabo de forma segura. Las estrategias de selección de participantes a menudo no tienen en cuenta las responsabilidades de cuidado de las mujeres, sus horarios de trabajo y sus patrones de acceso a la asistencia sanitaria. Además, históricamente, la comunidad de investigación médica simplemente no ha dado prioridad a la comprensión de las diferencias de respuesta al tratamiento en función del sexo.

El coste de la inacción

Si no actuamos ahora, nunca podremos abordar y corregir las desigualdades de género en materia de salud.Pensemos en las repercusiones que esto tendría:

Las enfermedades cardiovasculares matan a más mujeres que todos los tipos de cáncer juntos, pero las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en la investigación sobre enfermedades cardíacas. Las enfermedades autoinmunes afectan de manera desproporcionada a las mujeres, pero los protocolos de tratamiento suelen basarse en estudios con participantes de ambos sexos que pueden no reflejar las manifestaciones específicas de la enfermedad en las mujeres. El tratamiento del dolor, las intervenciones en salud mental e incluso la farmacocinética básica son áreas en las que las experiencias de las mujeres difieren significativamente de las de los hombres.

Cada día que nos demoramos supone que otra generación de mujeres reciba tratamientos que no se han diseñado teniendo en cuenta su biología.

Qué hay que cambiar

La solución comienza con una acción deliberada.En Indago, nos comprometemos a:

Reclutamiento proactivo:Colaborar con los patrocinadores y las organizaciones de investigación por contrato (CRO) para desarrollar estrategias de reclutamiento destinadas específicamente a lograr la paridad de género en la inscripción, sin considerar la participación de las mujeres como algo secundario.

Eliminación de barreras:Creación de protocolos de ensayo flexibles que se adapten a la vida de las mujeres, desde las necesidades relacionadas con el cuidado de los hijos hasta la organización del transporte.

Liderazgo en materia de normativa:Colaborar con los promotores para superar los requisitos normativos mínimos en cuanto a la participación de mujeres, ya que limitarse a cumplir lo mínimo exigido no es suficiente.

El imperativo es claro

No se trata de cumplir con un requisito de diversidad. Se trata de una necesidad científica.Hay que dar prioridad a la investigación sobre la salud de la mujer, porque la mitad de la población merece tratamientos basados en datos científicos que las incluyan.

Ha llegado el momento de lograr una representación equitativa en la investigación.¿Quién está dispuesto a que esto sea la norma y no la excepción?

¿Qué obstáculos has observado en la participación de las mujeres en los ensayos clínicos? ¿Cómo podemos mejorar colectivamente su representación en la investigación? Comparte tu opinión a continuación.

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